
María Agustina Paternó Manavella (ODSA-UCA)
Introducción
La Asociación Estadounidense de Psicología sostiene que la salud mental puede evaluarse mediante la presencia o ausencia de síntomas que indican distintos niveles de malestar psicológico o psiquiátrico. Los síntomas más frecuentes son aquellos asociados a los trastornos de ansiedad y depresivos, también conocidos como trastornos mentales comunes. El indicador más utilizado para estudiar la salud mental ha sido el índice de malestar psicológico, un constructo que integra síntomas de depresión y ansiedad que pueden afectar el funcionamiento óptimo de una persona. El malestar psicológico se manifiesta como un estado emocional y psicológico de sufrimiento caracterizado por síntomas depresivos (por ejemplo, tristeza o desesperanza) y relacionados con la ansiedad (por ejemplo, tensión emocional o inquietud), que pueden acompañarse de manifestaciones somáticas, como pérdida de energía o insomnio. Sus orígenes se encuentran en causas y situaciones diversas; en consecuencia, su evaluación resulta fundamental para determinar el estado de salud mental de grupos específicos. Además, este constructo ha demostrado una sensibilidad significativa para captar el impacto de condiciones estructurales adversas —como la pobreza, la inseguridad laboral y la exclusión social—, constituyéndose en un factor clave en la investigación epidemiológica en salud mental. Esto subraya la naturaleza multidimensional del malestar psicológico y su vínculo indisoluble con las condiciones estructurales de vida y las experiencias subjetivas de privación. En este sentido, el malestar psicológico se entiende como una manifestación de procesos sociales de exclusión y desigualdad, que afecta tanto a las dimensiones objetivas como a la experiencia subjetiva del bienestar.
Las conceptualizaciones sobre el estado actual de la salud mental a nivel global —y particularmente en contextos como Argentina— deben tener en cuenta las condiciones estructurales de vida de las personas. Los enfoques contemporáneos destacan los roles de la pobreza, la precariedad y las desigualdades persistentes como factores clave que erosionan el bienestar subjetivo y amplifican el malestar psicológico. El sufrimiento psíquico se configura, así, como una expresión de procesos sociales de exclusión, lo que exige enfoques de investigación integrales. En este marco, dentro del área de Capital Humano y Bienestar del ODSA-UCA (Observatorio de la Deuda Social Argentina – Universidad Católica Argentina), el propósito de este estudio es estimar las tendencias anuales de malestar psicológico entre adultos urbanos en Argentina (2010–2025). Además, buscamos evaluar la incidencia, la movilidad y la persistencia del malestar psicológico, e identificar determinantes clave que expliquen los cambios en los niveles de malestar, con un enfoque específico en las condiciones del mercado laboral.
Metodología
La estrategia metodológica consistió en analizar datos anuales (2010–2025) provenientes de la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA), realizada por el Observatorio de la Deuda Social Argentina (Universidad Católica Argentina). El estudio se centró en una muestra representativa de adultos de 18 años y más, pertenecientes a hogares urbanos de todo el país. Más allá de los datos transversales, este estudio incorpora análisis longitudinales, una característica habilitada por el diseño de la EDSA. Utilizamos un panel de tres olas correspondientes a 2022, 2023 y 2024, compuesto por 299 participantes. La EDSA es una encuesta multipropósito que incorpora preguntas directas y escalas estandarizadas breves diseñadas para evaluar factores psicológicos junto con una amplia gama de indicadores socioeconómicos, laborales y de condiciones de vida. En este sentido, incluye la Escala de Malestar Psicológico de Kessler (K-10; Kessler et al., 2002), en su versión validada y adaptada para la población argentina (Brenlla y Aranguren, 2010). Este instrumento ha sido diseñado para medir la prevalencia de malestar psicológico inespecífico, entendido como síntomas relacionados con depresión y ansiedad. Sirve como herramienta de cribado para identificar personas que experimentan niveles elevados de angustia psicológica y que podrían requerir una evaluación clínica más exhaustiva. Debido a su brevedad, es altamente factible para un cribado rápido en investigaciones epidemiológicas a gran escala (Brenlla y Aranguren, 2010). Consta de 10 ítems referidos a síntomas de depresión (por ejemplo, “¿Con qué frecuencia se sintió agotado/a sin razón?”) y de ansiedad (por ejemplo, “¿Con qué frecuencia se sintió nervioso/a?”) experimentados durante los últimos 30 días. Cada ítem se puntuó mediante una escala Likert de cinco puntos, que va de 1 (Nunca) a 5 (Todo el tiempo). Las puntuaciones totales se calculan sumando las respuestas, lo que da un rango entre 10 y 50 puntos. Esta escala también permite establecer distintas categorías de malestar según la severidad. Para este estudio en particular, la puntuación total se utilizó tanto como variable continua como para identificar la presencia o ausencia de malestar según umbrales establecidos.
La metodología diseñada para abordar los objetivos del estudio incluyó la siguiente estrategia de análisis de datos. Primero, realizamos un análisis descriptivo para aproximar la evaluación anual de los niveles de malestar psicológico en la población adulta argentina a lo largo del período de análisis (2010–2025), desagregado por indicadores socioeconómicos clave. Para examinar la movilidad y la persistencia de este indicador de salud mental, utilizamos análisis de trayectorias sobre datos longitudinales de panel. Finalmente, mediante modelos multinivel y de efectos fijos, la investigación analizó la variación intraindividual, examinando específicamente cómo las desigualdades de género y distintas configuraciones del empleo actúan como determinantes estructurales de la salud mental. Estos enfoques permitieron identificar factores causales, controlar la heterogeneidad no observada invariante en el tiempo y eliminar posibles efectos de confusión de variables que permanecen constantes a lo largo del tiempo. Aunque se probaron varios análisis y modelos explicativos, la presentación realizada para la Red INSEAI destacó los hallazgos clave y las tendencias significativas identificadas en el estudio.
Principales resultados
Los resultados mostraron que el malestar psicológico aumentó del 18,4% en 2010 al 28,1% en 2024, afectando a casi 3 de cada 10 adultos en Argentina; a pesar de una ligera caída del 1% en 2025, los niveles se mantienen históricamente altos. El malestar aumentó en todos los estratos sociales, pero la vulnerabilidad es tres veces mayor entre quienes se encuentran en condiciones económicas y laborales precarias. Los datos longitudinales (2022–2024) revelan que el 18% de los adultos experimentó un deterioro en su salud mental hacia 2024, mientras que el 5% sufrió síntomas persistentes durante todo el período de tres años. El aumento más pronunciado del malestar se produjo entre 2023 y 2024, particularmente entre quienes presentaban niveles basales altos. Factores como una autopercepción negativa de la salud, el género femenino y el desempleo son predictores consistentes del malestar. Los hallazgos de este estudio subrayan que la salud mental funciona como un indicador altamente sensible de la estabilidad socioeconómica y laboral, lo que exige conceptualizarla como un constructo multidimensional. Abordar la salud mental requiere un enfoque integral que integre sus dimensiones sociales, económicas y laborales para captar plenamente el impacto de la precariedad estructural. Además, esta investigación destaca la importancia metodológica de utilizar métricas internacionales estandarizadas, como la Escala de Malestar Psicológico de Kessler (K-10). El uso de instrumentos validados de este tipo permite un análisis comparativo riguroso entre contextos latinoamericanos y europeos. Tales comparaciones son esenciales para determinar si la erosión del bienestar subjetivo es un fenómeno localizado o parte de un cambio global más amplio en las configuraciones sociales. En última instancia, integrar indicadores de salud mental en las evaluaciones económicas resulta vital para desarrollar políticas públicas que aborden los determinantes sociales de la salud, garantizando que las intervenciones estén basadas en evidencia y sean estructuralmente efectivas.
International Network for Knowledge and Comparative Socioeconomic Analysis of Informality and the Policies to be Implemented for their Formalization in the European Union and Latin America
Horizon Europe Project 101182756 — INSEAI 2023