
Laura Golovanevsky
Se afirma ampliamente que las mujeres trabajan en condiciones más precarias, con salarios más bajos y mayores niveles de subempleo. Nos preguntamos cómo se registra esta relación a nivel regional en Argentina (2016-2024).
Argentina cuenta con un vasto territorio de casi 3,7 millones de kilómetros cuadrados, ubicándose solo por detrás de Rusia, Canadá, Estados Unidos, China, Brasil, Australia e India. Dentro de esta enorme extensión, existe una diversidad de climas, relieves, poblaciones y actividades económicas que dan lugar a diferentes formas de participación y funcionamiento del mercado laboral. Esta investigación, actualmente en curso, tiene como objetivo examinar las desigualdades regionales en términos de informalidad y género, inicialmente desde una perspectiva exploratoria.
Se considera el período 2016–2024, analizando indicadores relacionados con la informalidad cruzados por variables como sexo, región, nivel educativo, pobreza del hogar e ingresos laborales, utilizando datos de la Encuesta Permanente de Hogares de Argentina. El análisis emplea los terceros trimestres de cada año, que cubren el total de la población urbana. También se examinan las trayectorias temporales en un período de turbulencia en la economía argentina. Asimismo, se realiza un análisis multivariado de correspondencias múltiples en busca de otras relaciones entre variables que puedan resultar de interés.
Contrariamente a lo esperado, los niveles de informalidad no son sistemáticamente más altos para las mujeres, sino que varían según los años y las regiones. Parece haberse producido un cambio después de la pandemia, en perjuicio de las mujeres, aunque no de manera constante ni homogénea entre regiones. Otras variables, como el nivel educativo y los ingresos, deben analizarse para encontrar diferencias de género significativas entre quienes están en el sector informal y quienes no.
Sin profundizar en el debate teórico sobre la informalidad, este estudio adopta una definición más amplia que la mera existencia o ausencia de registro de las actividades económicas. Se define como trabajadores informales a: trabajadores por cuenta propia en ocupaciones técnicas, operativas o no calificadas; empleadores en ocupaciones no profesionales; trabajadores familiares en ocupaciones técnicas, operativas o no calificadas; asalariados en establecimientos de hasta cinco trabajadores que no realizan aportes a la seguridad social; asalariados en establecimientos con más de cinco trabajadores que no realizan aportes a la seguridad social; asalariados que sí realizan aportes a la seguridad social pero tienen un contrato laboral no permanente, es decir, aquellos en trabajos temporales (a plazo fijo o por tarea/proyecto), trabajos ocasionales (“changas”) o empleos inestables de duración desconocida; y asalariados en el servicio doméstico.
En tiempos más recientes, ha surgido la noción de economía popular. Aunque este concepto no se explora en profundidad aquí, merece ser mencionado por su relevancia.
De acuerdo con la definición propuesta de informalidad, al observar el número de trabajadores formales e informales por región y el PIB, la informalidad no presenta un comportamiento anticíclico, como ocurría anteriormente cuando funcionaba como un sector refugio.
En el período 2016–2024, el Noroeste (NOA) aparece como la región con las tasas más altas de informalidad, superando el 60%. Le sigue el Noreste (NEA), con valores similares, que superan el 60% a partir de la pandemia. A continuación, se ubica la región de Cuyo, con valores entre el 54% y el 58%. El país en su conjunto fluctúa entre el 50% y el 55%. La región con menores niveles de informalidad es la Patagonia, con valores entre el 37% y el 41%, siendo la única que logra cifras por debajo del 40%.
Según este método de cálculo de la informalidad, algo más de la mitad de los ocupados se encontrarían en empleo informal.
Después de la pandemia, las mujeres del Noroeste (NOA) aparecen como el grupo que actualmente experimenta los niveles más altos de informalidad, seguidas por los hombres de la misma región, luego mujeres y hombres del Noreste (NEA), y finalmente mujeres y hombres de la región de Cuyo, en ese orden.
En síntesis, las regiones del norte y del centro-oeste se caracterizan por mayores niveles de informalidad, la región central por niveles intermedios, y la Patagonia por niveles bajos de informalidad en relación con el resto del país.
Es necesario profundizar en el análisis de otras variables, como el nivel educativo y los ingresos, para identificar diferencias de género significativas entre quienes están en el empleo informal y quienes no.
Cuando se analiza la informalidad por nivel educativo, como era de esperar, los individuos con menor nivel educativo presentan las tasas más altas de informalidad. Quienes tienen primaria completa y secundaria incompleta muestran niveles y trayectorias similares, al igual que quienes tienen secundaria completa y educación terciaria incompleta. El grupo con educación terciaria completa se distingue claramente; no obstante, aún presenta tasas de informalidad entre el 20% y el 30%.
Mientras que en el pasado niveles más altos de educación garantizaban movilidad social ascendente, hoy parecen funcionar más como un paracaídas para evitar una movilidad descendente catastrófica que como un mecanismo exclusivo de ascenso social.
Las tasas de informalidad entre quienes se ubican en el primer decil de ingreso laboral total son muy elevadas, generalmente superiores al 90%. Cabe destacar que en el segundo decil los hombres presentan consistentemente niveles más altos de informalidad que las mujeres en todas las regiones. Además, los hombres y las mujeres en la Patagonia no son los grupos con menores niveles de informalidad, como suele ocurrir.
En el quinto decil de ingreso laboral total, los hombres vuelven a mostrar tasas de informalidad más altas que las mujeres, excepto en el caso de los hombres del Gran Buenos Aires (GBA), cuyas tasas se cruzan con las de las mujeres. No obstante, NOA, NEA y Cuyo siguen siendo las regiones con mayor informalidad entre las mujeres. Resulta llamativo el nivel relativamente alto de informalidad entre los hombres en la Patagonia. Incluso en este quinto decil—que podría considerarse de ingresos medios—la informalidad se mantiene por encima del 60%.
A partir del sexto decil de ingreso laboral total, se observa una clara disminución de las tasas de informalidad, con los hombres presentando consistentemente niveles más altos que las mujeres, y con las mujeres del NOA y NEA situándose por debajo del resto, lo que constituye un punto interesante para la reflexión. En el noveno decil, los hombres vuelven a presentar tasas más altas que las mujeres, y las mujeres del NEA muestran las tasas más bajas de informalidad durante casi todo el período.
Cuando se considera la condición de pobreza del hogar, las tasas de informalidad son nuevamente más altas entre las mujeres del NOA y NEA, seguidas por las mujeres de Cuyo y los hombres del NOA y NEA, confirmando en términos generales lo observado en análisis más amplios.
Las tasas de informalidad en hogares no pobres son más altas entre los hombres del NOA, NEA y Cuyo, seguidos por las mujeres del NOA y luego los hombres de la región pampeana. Es decir, la informalidad laboral parece ser mayor entre las mujeres que viven en hogares pobres y entre los hombres que viven en hogares no pobres.
Entre los jóvenes, las tasas de informalidad siguen en general el mismo patrón que las tasas globales, destacándose el NOA como la región con mayores niveles.
Entre los adultos de 30 a 49 años, se observa que las mujeres en la Patagonia presentan nuevamente tasas de informalidad más bajas que los hombres.
Entre los ocupados de 50 a 65 años, los hombres de la región pampeana muestran las tasas más altas de informalidad, mientras que el NOA registra valores intermedios.
Entre los ocupados de 66 años y más, aunque existe mayor volatilidad, se destaca que la tasa más alta de informalidad se observa entre las mujeres de la región de Cuyo.
También se realiza un análisis de correspondencias múltiples utilizando la base de datos del tercer trimestre de 2024. Las variables activas incluidas son: empleo informal, región, grupos de edad, hogar pobre, sexo, nivel educativo y decil de ingreso laboral total. La condición de indigencia del hogar y la jefatura del hogar se incluyen como variables suplementarias. Tras excluir los casos con valores faltantes, el análisis incluye 15.154.334 casos.
Se retienen los tres primeros ejes o dimensiones, que explican casi el 70% de la varianza total. Según las medidas de discriminación, el primer eje se asocia con los deciles de ingreso laboral total, el empleo informal, la pobreza del hogar y el nivel educativo. El segundo eje se asocia con el nivel educativo y los grupos de edad. El tercer eje se asocia con los deciles de ingreso laboral total, el sexo y el nivel educativo.
La región—precisamente la variable de interés central—muestra una baja contribución a los tres primeros ejes factoriales (así como a los otros cinco considerados), siendo la única variable activa que no parece relevante en ninguno de los tres primeros ejes. El análisis se repite excluyendo la región, pero los resultados no parecen cambiar significativamente.
En el plano factorial 1–2, el empleo informal, junto con los deciles de ingreso laboral total y la pobreza del hogar, se vincula fuertemente con el eje 1, mientras que los grupos de edad se vinculan con el eje 2. El nivel educativo se relaciona con ambos ejes, dada su posición diagonal.
En el plano factorial 1–3, se confirma el fuerte peso del empleo informal y la pobreza del hogar en el eje 1, mientras que el sexo aparece vinculado al eje 3. Los deciles de ingreso laboral total y el nivel educativo se asocian ahora tanto con el eje 1 como con el eje 3.
Se observa proximidad entre los adultos mayores (50 años y más) y niveles educativos bajos. Así, el eje 1 contrapone niveles bajos y altos de educación, asociando los primeros con la informalidad, la pobreza y trabajadores jóvenes y mayores. También contrapone deciles bajos y altos de ingreso laboral total.
El eje 2 contrapone hombres y mujeres, así como individuos jóvenes y adultos mayores. En este eje, aunque con menor intensidad, las regiones con mayor informalidad (NOA, NEA, Cuyo y, en algunos cruces, la región pampeana) también aparecen opuestas a las regiones con menor informalidad (GBA y Patagonia).
En conjunto, el primer eje factorial parece representar a trabajadores formales, no pobres, no indigentes y con educación secundaria completa o superior, en contraste con trabajadores informales, pobres, indigentes y con educación secundaria incompleta o inferior. No obstante, la dicotomía entre niveles educativos bajos y altos parece captarse mejor en el segundo eje factorial.
El plano factorial definido por los ejes 1 y 3 parece confirmar los patrones ya observados. El eje 3 parece separar al GBA y a la región pampeana del resto de las regiones.
Finalmente, el plano factorial definido por los ejes 2 y 3 separa claramente a hombres y mujeres, niveles educativos bajos y altos, y el eje 3 vuelve a distinguir al GBA y a la región pampeana por un lado del resto de las regiones por el otro.
International Network for Knowledge and Comparative Socioeconomic Analysis of Informality and the Policies to be Implemented for their Formalization in the European Union and Latin America
Horizon Europe Project 101182756 — INSEAI 2023