
Cristian Castillo, Maria Moyano, Emma Ávila
DESH Consultores
El éxodo venezolano hacia Colombia ofrece un escenario inusualmente claro para estudiar el ajuste del mercado laboral en una economía en desarrollo. En el lenguaje de la economía laboral empírica, se asemeja a un “laboratorio natural”, no porque sea ordenado, sino porque el principal motor del flujo es en gran medida externo a la demanda laboral de corto plazo en Colombia. A diferencia de episodios migratorios más comunes, impulsados por factores de atracción, este movimiento fue provocado por factores de expulsión exógenos (en particular, el colapso institucional y económico de Venezuela), que se tradujeron en un choque rápido y masivo de oferta laboral (Caruso et al., 2019).
En Colombia, el empleo informal genera un ciclo difícil de romper: la experiencia adquirida en trabajos informales es difícil de certificar y a menudo es percibida negativamente por los empleadores formales, lo que reduce las posibilidades de transición hacia el empleo formal. Este efecto se agrava por la falta de incentivos para el desarrollo de habilidades en el trabajo informal, ya que estos empleos rara vez recompensan credenciales o apoyan la formación. Como resultado, los trabajadores—especialmente los jóvenes—pueden quedar atrapados en ocupaciones de baja productividad, enfrentando estancamiento de su capital humano y oportunidades limitadas de movilidad ascendente.
El movimiento analítico central de este artículo consiste en separar dos fuerzas que con frecuencia se confunden en el debate público y en el trabajo empírico: (i) un componente de Persistencia Estructural, impulsado por trampas de informalidad y dependencia de estado; y (ii) un componente de Choque Migratorio Contemporáneo, que capta el efecto incremental del flujo venezolano. La hipótesis es clara: la migración no crea trampas; las vuelve más restrictivas para los grupos ya vulnerables.
Para distinguir entre distintas formas de informalidad, es útil separar la informalidad como estado estático de la informalidad como proceso dinámico. La “informalidad simple” se refiere a un estado laboral reversible caracterizado por la ausencia de registro, contratos formales o seguridad social, y que suele reflejar restricciones temporales o decisiones de corto plazo. En contraste, una “trampa de informalidad” es un mecanismo dinámico mediante el cual la experiencia previa en la informalidad aumenta la probabilidad de permanecer en ella en el futuro, generando una condición dependiente de la trayectoria que reduce la movilidad hacia el empleo formal, especialmente cuando estos empleos requieren credenciales verificables, trayectorias laborales estables y cumplimiento normativo.
Esta trampa se consolida principalmente a través de dos canales estructurales que deterioran el capital humano y debilitan las señales del mercado:
1) En el mercado laboral informal colombiano, los trabajadores suelen carecer de incentivos para invertir en habilidades, ya que estos empleos rara vez recompensan credenciales o financian formación, lo que conduce al estancamiento o depreciación del capital humano y dificulta el cumplimiento de los requisitos del empleo formal.
2) El empleo informal genera experiencia difícil de certificar, lo que dificulta la transición hacia empleos formales; los empleadores pueden interpretar trayectorias prolongadas en la informalidad como señal de baja productividad o débil compromiso, incluso si esta percepción es incorrecta, lo que puede atrapar a los trabajadores en ocupaciones de baja productividad.
Sobre esta base conceptual, el objetivo empírico es descomponer la informalidad observada en persistencia frente a choque. No se trata de una distinción semántica; es clave para el diagnóstico. Si domina la persistencia, las políticas centradas únicamente en controlar flujos o proteger a los nacionales no abordarán el problema principal; si dominan los choques, la estabilización de corto plazo y la protección focalizada podrían ser suficientes. Los resultados siguientes abordan directamente esta distinción.
Esta investigación utiliza microdatos de la encuesta GEIH de Colombia (2013–2018) para analizar el impacto de la crisis migratoria venezolana en el mercado laboral. Dado que la GEIH no es un panel verdadero, el análisis construye pseudo-paneles siguiendo a Deaton (1985). Los individuos se agrupan en cohortes sintéticas (celdas estadísticamente comparables definidas por año de nacimiento, educación y geografía), lo que permite estimar trayectorias laborales dinámicas a nivel de cohorte.
La estrategia de identificación combina esta estructura de pseudo-panel con un diseño de Diferencias en Diferencias (DiD). En particular, se comparan departamentos fronterizos altamente expuestos con regiones del interior antes y después del cierre de la frontera en 2016. Este momento se utiliza como punto de corte relevante en términos de política, coincidiendo con el aumento de la presión migratoria, lo que ayuda a aislar el choque contemporáneo de las dinámicas estructurales de más largo plazo.
Los principales modelos empíricos son especificaciones logit dinámicas con dependencia de estado, utilizadas para separar la persistencia estructural del choque migratorio. También se estiman modelos logit multinomial para caracterizar las transiciones entre estados formales e informales. Se emplean regresiones de cuantiles incondicionales para capturar impactos heterogéneos a lo largo de la distribución de ingresos, un complemento importante cuando la migración afecta distintos segmentos del mercado informal a través de diferentes canales. Finalmente, matrices de transición laboral resumen patrones de movilidad y permiten inferir equilibrios de largo plazo y efectos de amplificación asociados al mecanismo de trampa.
La trampa de informalidad en el mercado laboral colombiano se refuerza a través de dos canales estructurales principales: primero, la depreciación de habilidades y los débiles incentivos a la formación, ya que los empleos informales rara vez recompensan credenciales o apoyan el desarrollo de capacidades, lo que conduce al estancamiento del capital humano; y segundo, la falta de señales verificables, dado que la experiencia informal es difícil de certificar e incluso puede percibirse como un pasivo por los empleadores formales, dificultando la transición hacia el empleo formal, especialmente para los jóvenes.
Los modelos dinámicos también respaldan una “paradoja de la experiencia”: la experiencia informal acumulada actúa como un lastre. En lugar de mejorar las perspectivas futuras, el tiempo en la informalidad aumenta la probabilidad de permanecer atrapado en ella. Esta interpretación es coherente con los canales conceptuales descritos: las trayectorias informales son difíciles de certificar y pueden ser descontadas por empleadores formales, mientras que la acumulación de habilidades puede estancarse en empleos precarios. Este es precisamente el mecanismo mediante el cual la persistencia se vuelve cuantitativamente dominante.
Los efectos sobre los ingresos son heterogéneos y revelan lo que los promedios pueden ocultar. Las regresiones de cuantiles incondicionales indican que las mujeres más pobres (Q25) experimentaron caídas salariales de −8,7%, consistentes con una mayor competencia en actividades de subsistencia. Mientras tanto, los jóvenes en el tramo superior del sector informal (Q75) registraron una caída de −4,8%, consistente con un desplazamiento ocupacional descendente de migrantes calificados que compiten en nichos informales de mayor nivel. En otras palabras, el choque puede comprimir los ingresos desde ambos extremos de la distribución informal, aunque a través de mecanismos distintos.
Una contribución distintiva es la identificación de un efecto de amplificación sistémica. Los resultados sugieren que un choque demográfico inicial no solo se absorbe, sino que se multiplica en el tiempo al interactuar con trampas preexistentes, amplificándose 4,05 veces en el largo plazo. Una implicación concreta es que la movilidad ascendente de los jóvenes cae del 10% al 3,1%, lo que indica que el choque puede “sellar” las vías de salida hacia la formalidad cuando el mercado ya presenta alta persistencia.
Finalmente, el estudio cuantifica un sesgo por omisión que puede distorsionar la relación entre migración y mercado laboral. Las estimaciones que no incorporan grupos de control adecuados y dinámicas laborales sobrestiman el efecto de la migración en un 147%. Esto es relevante porque puede llevar a diagnósticos erróneos: atribuir la segmentación estructural a la migración oculta los verdaderos determinantes de la informalidad y fomenta respuestas políticamente atractivas pero económicamente débiles.
El estudio encuentra que la trampa de informalidad en Colombia se refuerza por dos canales estructurales: la depreciación de habilidades y la falta de incentivos a la formación, y la ausencia de señales verificables de experiencia laboral.
De estos mecanismos se derivan cuatro pilares:
Protección del empleo formal en crisis. Dado que la exposición migratoria incrementa las transiciones desde la formalidad hacia la informalidad, instrumentos temporales como subsidios a la nómina pueden evitar la movilidad descendente. Programas como el PAEF ilustran cómo estabilizar el empleo formal reduce los efectos de derrame hacia la informalidad.
Incentivos a la formalización. Reducir costos no salariales, simplificar trámites y mejorar el acceso a crédito y mercados puede aumentar la capacidad de absorción formal. Sin formalización empresarial, la oferta laboral seguirá concentrándose en empleos informales de baja productividad.
Políticas orientadas al ciclo de vida para jóvenes. Dada la fuerte dependencia de estado, la inserción laboral temprana es decisiva. Políticas que prioricen la primera inserción formal (formación, prácticas, aprendizajes, apoyo al emprendimiento formal) pueden evitar trayectorias informales persistentes.
Integración laboral efectiva de migrantes. El reconocimiento de credenciales, el acceso a servicios de empleo y las vías hacia trabajos formales pueden reducir el desplazamiento ocupacional y aliviar la presión competitiva en segmentos informales. Esto no solo beneficia a los migrantes, sino que también protege a los trabajadores nativos.
Además, la focalización debe diferenciarse por territorio, nivel de ingresos y características poblacionales. Departamentos fronterizos como La Guajira, Arauca, Norte de Santander y Cesar requieren esquemas especiales debido a su alta exposición y limitada capacidad institucional. Los resultados por cuantiles también muestran que los efectos adversos se concentran en los segmentos de menores ingresos, lo que sugiere que políticas basadas en promedios pueden ser ineficientes o regresivas.
Finalmente, es esencial un enfoque interseccional. Mujeres y jóvenes enfrentan barreras múltiples para acceder al empleo formal y a servicios, lo que implica complementar las políticas generales con medidas afirmativas, estrategias de inclusión y alianzas con organizaciones comunitarias.
En síntesis, una respuesta efectiva a la migración debe abordar los fundamentos estructurales de la informalidad. El objetivo es fortalecer la capacidad del Estado para proteger el empleo formal, expandir la formalización, prevenir la exclusión temprana de los jóvenes y aprovechar la migración mediante una integración efectiva. No se trata de medidas de corto plazo, sino de reformas estructurales capaces de convertir una crisis en una oportunidad para modernizar el mercado laboral colombiano.
International Network for Knowledge and Comparative Socioeconomic Analysis of Informality and the Policies to be Implemented for their Formalization in the European Union and Latin America
Horizon Europe Project 101182756 — INSEAI 2023